Jugadores de póker
El jugador sentado a la derecha es un hombre joven, rondando los treinta. Si bien es verano y su bronceado es intenso, luce artificial: sospechan, además del sol, del influjo de una cama solar.
Pelo cortado a la moda. Una camisa blanca arremangada con los tres primeros botones desprendidos deja ver una cadena de oro de gruesos y un reloj exclusivo de diseño minimalista. Es fácil advertir su marca: está esculpida en letras romanas en el marco.
Están sentados en una mesa de efectivo en un hotel de lujo, con diez jugadores ocupándola. Es cierto, no hay mucho lugar para cada uno. Pero él se las ha ingeniado para explayarse. Inconsciente mente, ustedes y su otro vecino han cedido terreno. Se lo ve necesitado de espacio: ¿dónde ubicar todo lo que le pertenece? Sus fichas desparramadas, una copa de coñac y un paquete de cigarrillos, fiel indicador de que abandonará la sala cada media hora para salir a fumar.



